Concepto psicoanalítico de las perturbaciones psicógenas de la visión

  <<Volver Atrás

 

Andrea d'Abate

Síntesis de Freud S, (1910) Concepto psicoanalítico de las perturbaciones psicógenas de la visión.

La ceguera histérica es generalmente considerada como el prototipo de los trastornos visuales psicógenos. En la histérica, la idea de estar ciega no nace de la sugestión del hipnotizador, sino espontáneamente, por autosugestión; y esta idea es en ambos casos tan fuerte que se convierte en realidad, del mismo modo que las alucinaciones, las parálisis y los demás fenómenos sugeridos.
Ciertos ingeniosos experimentos de la escuela francesa han mostrado que los histéricos atacados de ceguera psicógena continúan viendo en cierto modo. Así, pues, los atacados de ceguera histérica sólo son ciegos para la conciencia; en lo inconsciente continúan viendo.
Pero los histéricos no ciegan a causa de la representación autosugestiva correspondiente, sino a consecuencia de la disociación entre los procesos inconscientes y los conscientes en el acto de la visión; su idea de no ver es la expresión exacta de la situación psíquica y no la causa de tal situación.
El psicoanálisis acepta también las hipótesis de la disociación y de lo inconsciente; pero establece entre ellas una distinta relación. Nuestra disciplina es una concepción dinámica que refiere la vida anímica a un juego de fuerzas que se favorecen o estorban unas a otras. Así, pues, si los trastornos psicógenos de la visión reposan, sobre el hecho de que ciertas representaciones enlazadas a la visión permanecen alejadas de la conciencia, la opinión psicoanalítica habrá de suponer que tales representaciones han entrado en pugna con otras más fuertes, a las que reunimos bajo el nombre de yo y han sucumbido así a la represión. Cada instinto intenta imponerse, avivando las representaciones adecuadas a sus fines. Estos instintos no se muestran siempre compatibles unos con otros, y sus intereses respectivos entran muchas veces en conflicto. Las antítesis de las representaciones no son sino la expresión de las luchas entre los diversos instintos.
Muy importante para nuestra tentativa de explicación es la oposición entre los instintos sexuales y los instintos del yo. El «instinto sexual» se halla compuesto por numerosos «instintos parciales», que han de pasar por una complicada evolución antes de poder subordinarse a los fines de la reproducción. La cultura hace que los instintos sexuales parciales sean, restringidos, transformados y sublimados.

Así, las «neurosis» se refieren al fracaso de estos procesos de transformación de los instintos sexuales parciales. El yo se siente amenazado por los instintos sexuales y se defiende de ellos por medio de represiones, las cuales no logran siempre el efecto deseado y entonces forman los síntomas neuróticos.
Los instintos sexuales y los del yo tienen a su disposición los mismos órganos y sistemas orgánicos. El placer sexual no se enlaza exclusivamente con la función de los genitales. La boca sirve para besar tanto como para comer o para la expresión verbal, y los ojos no perciben tan sólo el mundo exterior, sino también aquellas cualidades de los objetos que los elevan a la categoría erótica. Ahora bien: cuanto más estrecha relación adquiere uno de estos órganos de doble función con uno de los grandes instintos; más se rehúsa al otro. Este peligro tiene ya que conducir a consecuencias patológicas al surgir un conflicto entre los dos instintos fundamentales y proceder el yo a una represión del instinto sexual parcial correspondiente.
Entonces cuando el instinto sexual parcial que se sirve de la visión llega a provocar con sus exigencias la defensa de los instintos del yo, dando lugar a la represión de las representaciones en las cuales se manifiesta su tendencia, queda perturbada de un modo general la relación de los órganos visuales y de la visión con el yo y con la conciencia. La tendencia sexual visual reprimida se venga de la coerción opuesta a su desarrollo psíquico, intensificando su dominio sobre el órgano puesto a su servicio. La pérdida del dominio consciente del órgano es una sustitución nociva de la represión fracasada sólo a este precio posible.
En el interior del individuo se alza una voz punitiva que le dice: «Por haber querido hacer un mal uso de tus ojos, utilizándolos para satisfacer tu sexualidad, mereces haber perdido la vista», justificando así el desenlace del proceso.
Pero no todos los trastornos visuales funcionales pueden ser psicógenos, como los provocados por la represión del placer erótico visual. Cuando un órgano que sirve a ambos instintos intensifica su función erógena, se conduce como un genital, no excluiremos la posibilidad de modificaciones tóxicas del mismo. Las perturbaciones neuróticas de la visión son, con respecto a las psicógenas, lo que en general las neurosis actuales a las psiconeurosis. Ahora bien: las perturbaciones psicógenas de la visión no se presentarán nunca sin aparecer acompañadas de otras neuróticas, y éstas, en cambio, sí pueden surgir aisladamente.

Foro de Investigación

Menu Intro Mail
©APAH Análisis y Psicodinámica de la Actividad Humana